EstadÍstica

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  • Publicado por: Ing Discreto DF  

Un día normal como cualquier otro en el que un estudiante universitario solo esta a la espera de que terminen clases para volver a la rutinaria tarde de trabajo, inicio de semestre y en espera de conocer al maestro de estadística o lo más probable maestra que generaciones antes ha dado esa materia de una forma tan monótona y aburrida, me asomo a la ventana en espera de ver llegar a tan ansiado personaje. Veo a una chica que por algún motivo llama mi atención, no puedo evitar dejar de contemplarla. Curiosamente se acerca en esta dirección y así logro contemplar su larga cabellera rubia, ojos azules y bien torneadas piernas largas y blancas como la luz de la mañana.

Paso a paso la fui siguiendo hasta que se postro en la puerta del salón, ¿estará buscando a alguien? y efectivamente, si buscaba a alguien, quiero decir buscaba al grupo que tomaría la clase de estadística. Por un instante volteo hacia mí y no se si fui delatado por mi indiscreto mirar que ella volteó, pero al ver esos hermosos ojos me quede inmóvil y atónito, ¡guau! era un ángel. Una leve sonrisa se dibujo en su rostro y entró al salón. Curiosamente los demás compañeros, seguían en espera del maestro, pero al verla en dirección al escritorio me saque de onda, ¿compañera nueva de clase? ¡No podíamos creerlo!, era nuestra maestra de estadística.

Pasen chicos vamos a empezar la clase (quiero decir que no fui el único que reacciono de esta manera, a más de uno le sucedió lo mismo). Mi lugar era privilegiado, y podía ver todo lo que sucedía dentro del salón. Abrió su lista y empezó a pasar lista para identificar a su grupo. Las compañeras celosas de su belleza murmuraban entre si, mientras nosotros en silencio contemplábamos y escuchábamos su encantadora voz de sirena, nunca he escuchado a un sirena pero me hizo recordar aquellos cuentos en los que se menciona el dulce cantar de estas para hipnotizar a los marinos.

Cuando menciono mi nombre, no se si dije presente o solo levante la mano, estaba tan desconcertado que parecía que ese momento era interminable. Ella se percato de lo que me sucedía, creo, pues nuevamente se le dibujo esa leve pero hermosa sonrisa.

Bien dicen que uno como hombre solo es un montón de testosterona, pues a pesar de la distancia el ambiente, las feromonas de este ángel se percibían. Ella conocedora de sus encantos se adueño del escenario, caminando frente a nosotros se presento “Mi nombre es Helena, soy recién egresada de la carrera de...” bla bla bla... No escuche más me quede sordo. Alguien me pidió una pluma y fue del modo en que volví a la realidad. Empezó a desglosar el contenido temático de la materia y conforme llenaba el pizarrón veíamos en silencio pero boquiabiertos como se inclinaba de una forma tal que esa falda arriba de la rodilla mostraba lo que nos imaginábamos. Pizarrón, pizarrón, porque no dabas hasta el piso para que nos dejaras ver más. Un ángulo de 90 grados se entre sus piernas y su torso eran más que suficientes para que esa faldita nos dejar contemplar largas piernas, que al menos yo quisiera acariciar.

Al enderezarse, lentamente mueve su cabellera para postrarla a un costado de su cuello, de donde se logra apreciar una delineada oreja que invitaba a morder. Mientras hablaba se acariciaba el cabello de una forma insistente; tal vez el nerviosismo de su primera clase o la estrategia de manteneros atentos a la clase provocaba ese acontecer (yo apuesto por la segunda opción).

Así se fueron dando las clases hasta el final de semestre cuando en el examen final requería de un 8 para pasar la materia, reconozco no soy tan malo con las matemáticas, pero con tanta distracción en escena, pero si en ortografía como se han dado cuenta. Más sin embargo eso no me impide contarles esta historia.

No conseguí la calificación aprobatoria y tendría que presentar extraordinario o volver a cursarla. Algunos compañeros consiguieron la dirección de la maestra para pedirle unas asesorías; me uní al grupo de 6 compañeros y fuimos a buscar tal dirección, una zona residencial con casas muy grandes, familias acomodadas y que no escatimaban en lujos. Y finalmente llegamos a la ansiada dirección una casa de adobe daba un toque rustico, de hecho salía de lo común para esa zona. Paredes grandes y con una puerta grande de madera, era lo único que daba hacia la calle. Decidimos tocar y sale ella enfundada en un short de mezclilla y una blusa ajustada a su cuerpo dejando ver su marcada cintura y un moderado pero bien parcado pecho. “Hola chicos pasen los estaba esperando.” “¿Qué no se suponía que íbamos a llegar de sorpresa?” le pregunte a un compañero “No” me contesto, “Legaspi le pidió asesoría y ella nos dijo la hora y la dirección, solo nos pidió de favor que no regáramos la información.”

Pasamos a un enorme salón que a la vez cumplía funciones de sala y comedor, con enormes ventanales que daban a un jardín muy bien cuidado; la resolana del día se filtraba moderadamente al interior dejando sentir un relajante ambiente.

Nos acomodamos en la sala y empezamos a trabajar, hasta ese momento sentí realmente la presión del extra y comprendí que Helena era mucho más que una carne pues era muy buena para explicar y retroalimentar. Toño y Luis tenían que ir de regreso a la universidad porque tenían que cursar una materia. Al poco rato Legaspi tenía que ir a recoger a su madre y tuvo que partir también, Rodrigo decidió irse con él porque no traía dinero para el urbano. Solo quedábamos Chuy y yo. Yo entraba a trabajar en la tarde pero era más importante para mí en ese momento entender la metodología de los ejercicios. Chuy trabajaba donde yo lo hacía pero no podía faltar debido a un par de días antes lo había hecho. Mientras me decía Chuy que tenía que partir, Helena tenía rato que se había ido a la cocina por un vaso con agua que le había pedido, por lo que no se entero de la ausencia de Rodrigo y Legaspi. Chuy salió casi corriendo y sin despedirse por la hora. Helena tardo en regresar; “Quise preparar una botana para calmar el hambre” me dijo. Extrañada preguntó “¿Los demás?” Le dije: “Tenían cosas que hacer.” Un silencio se hizo entre los dos, yo continué con el ejercicio hasta terminarlo, le pedí que lo checara. “Déjame verlo” me dijo mientras se sentaba a un lado mió. En silencio lo observo y comprobó con calculadora en mano mis resultados. Una sonrisa se dibujo en su rostro y me hizo recordar la primera vez que la observe.

“¿De que te ríes?” “De nada” contesto, “Sólo que se me hace curioso que hasta este momento estoy viendo que no eres tan cerrado de la cabeza, y no entiendo porqué reprobaste.” Me puse un tanto nervioso y no pude contener más lo que sentía decidiendo decirlo en ese momento: “Yo, es que no se como decirlo, bueno, total… Tú me pones nervioso y la verdad solo me la pasaba admirándote en clases, no puedo evitarlo me encanta contemplarte.” Una sonrisa se dibujo en su rostro y me pregunto: “¿Y que es lo que contemplas de mi?” mientras preguntaba se acerco un poco más y me miro fijamente a los ojos. Una pausa se hizo en nuestra conversación, y finalmente dije: “Tu caminar, esa sonrisa, tus ojos, tu cabello en movimiento al andar, tus manos tu rostro...” “¿Sólo eso?” pregunto mientras pasaba una mano por una de sus piernas y con la otra dejaba el cuaderno a un lado. Yo tragaba saliva mientras mi pulso se aceleraba más y más.

Al verla no supe que paso, simplemente empecé a hablar sin parar: “Tus piernas las quisiera acariciar” “¿Y porqué no lo haces?” pregunto, mientras me tomaba una mano y la colocaba en su rodilla. Mientras esto pasaba yo continué hablando “Deslizar mis manos por tus blancas piernas, acariciar tu mejilla, contemplarte a los ojos y tocar tu alma, eso es lo que he querido hacer desde que por primera vez te vi.” Sin dejar de acariciar su pierna con la otra mano acaricie su mejilla al tiempo que un leve suspiro salio de su pecho. “Tonto, ¿porque tardaste tanto en decirme eso? Si supieras cuanto desee este momento.” Un leve roce en sus labios callo el momento, ese roce fue tan tierno pero a la vez tan intenso que nuevamente un suspiro invadió el lugar, mis ojos en sus ojos, mi mano jugaba entre sus piernas mientras la otra empezó a acariciar su cadera. No se en que momento sucedió pero sus manos tampoco se quedaban quietas solo las sentí por debajo de mi playera y en un instante salio hacia un costado. Mis manos no dejaban de recorrer tan monumental mujer, no fue necesario continuar diciendo palabras pues sobraban con lo que sentíamos en el momento. El cierre de su short se deslizo hacia abajo, mientras una mano se introdujo entre sus piernas y al tacto sentí una húmeda sensación, al tiempo que me da la oportunidad para viajar al centro mismo de su feminidad. No pudo contenerse más y se despojo de su blusa ajustada dejando ver ante mí un par de sonrosados pechos hermosos y firmes con los que me deleite en vista gusto. Deje a un lado el húmedo recinto para pasar a liberar todo lo que estorbaba, el short dejo su lugar al tiempo que un minúsculo calzoncillo negro. El tacto no me engañaba y el terso monte de Venus delineado en forma de triangulo invitaba a ser invadido. Entre abrí sus piernas mientras contemplaba como su cuerpo, veía como sus caderas se movían rítmicamente ofreciéndose al acto de la pasión. Labios humectados por la ansiedad dispuestos a recibir al invitado especial se preparaban para alojar mi virilidad que no podía con tanta sangre que se agolpaba, recuerdo como se introdujo entre su cuerpo despacio mientras se acompañaba de un leve movimiento de cadera por parte de ella. Más no duro mucho tiempo este ritmo, pues era demasiada pasión como para contenerla por más tiempo. Entrelazados nos entregamos en el frenético sentir de ambos, entre besos y abrazos y en un rítmico e incesante movimiento de ir y venir, encima del sofá terminamos por mojarnos con las mieles del placer. Aun recuerdo esa tarde y recuerdo el olor de su cuerpo impregnado en mis manos. Como extraño a mi maestra de estadística, de lo que me hubiera perdido si hubiera pasado la materia.