Mi Secreto

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  • Publicado por: Natalia Maria 

Llego a casa agotada de caminar, me tiro en la cama y empiezo a leer aquel libro del caballero inexistente, mi mente realmente no está ahí, trato de concentrarme en aquello que debo hacer, mi trabajo, la casa, los niños, mi vida, yo misma, decido relajar mi cuerpo y olvidarme por un momento de mis preocupaciones, cierro los ojos, siento una calidez cerca de mi cuerpo, me hace estremecer, puedo percibir tu olor, tu energía abro los ojos y veo tu rostro, con esa sonrisa tan auténtica, con esos ojos que destellan alegría y una paz inmensa a la vez, con esa voz que me cautiva, no entiendo cómo es que llegaste hasta aquí, quiero hablar para hacerte esa pregunta, pero tú serenamente me tomas de las manos me acercas a tu cuerpo y me abrazas me envuelves con tus brazos, sabes de esa necesidad mía de sentir tu cuerpo así de cerca, de abrazarnos y explorar cada milímetro de tu piel, sentir tu calor y tu respiración muy pero muy cerca, sentir tu virilidad y hacerte notar mis partes húmedas de deseo de fundirnos en un solo cuerpo.

Cierro los ojos de nuevo y se activan al máximo el resto de mis sentidos, mis manos exploran ansiosas y suavemente cada parte de tu cuerpo, acerco mi rostro al tuyo siento tu aliento masculino, el vello de tu barba que me raspa pero me excita, y al mismo tiempo tu infinita suavidad y ternura con la que tocas mi rostro con aquella mano fuerte, cada toque tuyo derrite mi cuerpo como si fuese la cera de aquella vela que nos contempla, radiante y silenciosa y me hace vibrar hasta lo más profundo de mi ser.

Mi boca se encuentra con la tuya, en un beso suave y profundo abriéndose como si quisiéramos escudriñar con nuestra lengua cada parte interior de nuestro ser, ávido de conocerse, de sentirse amado profunda y completamente, con esa necesidad de pertenecernos el uno al otro momento mágico que hace detener el tiempo, sensación en la cual sólo existimos tú y yo en éste mundo.

Con aquel beso profundo nuestras manos, siguen explorando ávidas esa piel, esas formas levemente delineadas sobre las ropas, curiosas por descubrir en su interior, la calidez y suavidad de aquella piel, esa necesidad de contacto, intercambiar nuestra energía y fundirnos en un solo ser por unos minutos… eternos minutos…inacabables minutos…, mi sexo está ya bastante húmedo y empieza a correr esa humedad entre mis piernas, lo adviertes al tocar esa parte de mi ser y mis manos llegan hasta ese pene ya bastante crecido que se abulta sobre el pantalón, sin darnos cuenta nuestros cuerpos se encuentran desnudos sintiendo esa humedad mezcla de sudor y pasión, con esa gran necesidad de poseernos mutuamente, de depositar la esencia de la vida el uno en el otro, tu pene penetra suavemente mi vagina, es el momento cúspide del encuentro, en donde la energía llega al máximo como la energía de aquel volcán en erupción, momento lleno de olores, humedades, sentimientos de pasión y ternura, que nos hacen recorrer en un segundo toda la vida, que nos llena de plenitud, felicidad, satisfacción y agradecimiento,…

…Y de nuevo… el silencio, la quietud, el reposo.

Abro los ojos nuevamente y me doy cuenta que es otra vez ese sueño repetitivo y obsesivo, señal de que ha quedado profundamente grabada en mí aquella persona tan especial, ese momento que llevaré el resto de mi vida como mi secreto…